Visitas destacadas de Ronda
La ciudad de Ronda está integrada por tres zonas bien diferenciadas geográfica y casi arquitectónicamente: el primigenio núcleo romano y medieval, conocido como la Ciudad; el barrio del Mercadillo, al norte, unido al anterior por tres puentes sobre el Tajo y que es la zona comercial y la de mayor expansión, y el barrio de San Francisco, al sur, que, igual que el anterior, empezó a construirse en el siglo XVI. Dada la magnitud monumental de la ciudad, el viajero debe saber que la Oficina de Turismo municipal ofrece la posibilidad de obtener un bono turístico que además de ayudar en la visita resulta muy práctico ya que incluye información sobre horarios y precios, direcciones web, etc. Para más información acerca de este bono se puede contactar con la Oficina de Turismo en el teléfono (+34) 952 187 119.
La visita a Ronda suele realizarse a partir de la plaza de España, en el barrio del Mercadillo, donde está situado el Parador Nacional de Turismo, antiguo Ayuntamiento. De aquí se cruza a la Ciudad, es decir, al barrio más antiguo, por el Puente Nuevo, sin duda la construcción más conocida de Ronda, que surgió de la necesidad de comunicar directamente la zona más antigua de la ciudad con la que ya en el siglo XVIII se había convertido en la nueva Ronda.
El puente fue abierto en 1735, pero seis años más tarde lo derrumbó una crecida del río Guadalevín. El derrumbe del puente causó 50 muertos. El segundo proyecto, que es el que hoy conocemos, fue encargado a Juan Martín de Aldehuela. Las obras comenzaron en 1751 y finalizaron en 1793. El autor recibió todo tipo de elogios al haber conseguido que la imponente fábrica, de 98 metros de altura, entroncara perfectamente con la abrupta garganta del Tajo. El tablero del puente está sostenido por tres arcos de medio punto, y sobre el central se habilitó un espacio que en otros tiempos sirvió de cárcel. Precisamente en uno de esos arcos principales se ubica el Centro de Interpretación del Puente Nuevo, un pequeño museo que explica gracias a un centenar de paneles cómo se desarrolló la construcción del puente, desde la idea originaria y los primeros fracasos hasta la actualidad. El centro hace hincapié en el proyecto definitivo de Martín Aldehuela y el visitante podrá hacerse idea cabal de la gran obra de ingeniería civil que supuso la construcción de esta imponente obra.
Una vez cruzado el puente, a la izquierda, se ubica el convento de San Francisco, fundado en la época de los Reyes Católicos y sede del Tribunal de la Inquisición durante años. En la calle de Tenorio, a la derecha, se encuentra la casa de San Juan Bosco, de estilo modernista, desde cuyos caprichosos jardines pueden contemplarse unas magníficas vistas. Muy cerca está la calle Beato Fray Diego José de Cádiz, donde se alza la iglesia de la Virgen de la Paz, patrona de Ronda, una imagen del siglo XVII. Los restos del mencionado fraile descansan en una urna de plata a los pies de la patrona, cuyo camarín se encuentra en un interesante altar churrigueresco.
La visita continúa en la Casa del Gigante, una vivienda de la época islámica perfectamente conservada a pesar de las naturales reformas de que ha sido objeto y que han variado parte de su estructura. Parece ser que fue construida en el siglo XIV, fecha que algunos historiadores sostienen por la similitud de sus yeserías con las de la Alhambra, realizadas durante el reinado de Muhammad V. En su interior destacan el patio central, la alberca, la sala de la crujía norte y los atauriques que decoran los arcos que dan paso a los dormitorios.
El Palacio de Mondragón, actual sede del Museo de Ronda y la Serranía, fue habitado en el siglo XIV, según reza la leyenda, por el rey Abomelic, hijo del sultán de Fez, y posteriormente por el gobernador nazarí Hamed el Zegrí. Tras la conquista cristiana pasó a ser propiedad de Melchor de Mondragón, y en él llegó a hospedarse Fernando el Católico en 1501 cuando llegó a la Ronda con motivo de la sublevación morisca. Más tarde pasó a manos del ministro de Carlos II Fernando de Valenzuela.
Las sucesivas reformas acabaron por eliminarle sus más característicos rasgos árabes, pero su arquitectura continúa siendo un ejemplo de armonía entre líneas y volúmenes. La portada, de dos cuerpos con pilares dóricos y jónicos y con frontón curvo, sobresale por su elegancia compositiva. El noble edificio se articula en torno a tres hermosos patios interiores, uno de ellos renacentista.
La plaza mayor de Ronda durante la época musulmana se ubicaba en la zona más alta de la ciudad, un espacio que hoy conocemos como plaza de la Duquesa de Parcent. Durante la dominación árabe en este lugar se situaban los edificios principales de la villa: el alcázar, la mezquita, el zoco, la cárcel... La ordenación actual de la plaza corresponde a un proyecto realizado en el siglo XIX, ampliado y embellecido posteriormente por la Duquesa de Parcent, que encargó para este lugar un jardín al paisajista Jean Claude Forestier, al que se deben el parisino Bois de Boulogne y el sevillano Parque de María Luisa. En este parque se encuentra la estatua del músico y escritor rondeño Vicente Espinel (1550-1624).
Construida sobre la antigua mezquita mayor, la iglesia mayor de Santa María de la Encarnación fue erigida entre los siglos XVI y XVIII, por lo que ofrece distintas soluciones arquitectónicas correspondientes a otros tantos estilos, algo que puede observarse con todo detalle en el interior del templo. De la mezquita árabe conserva parte del mihrab, cuyo arco de entrada está decorado con yeserías de los siglos XIII y XIV. La iglesia fue iniciada en 1508 en gótico tardío, y de sus tres naves, la central tenía una cubierta mudéjar que fue sustituida por bóvedas semiesféricas después del terremoto de 1580, que dañó la estructura del templo. La cabecera, con siete capillas, está realizada en estilo renacentista, y otros muchos detalles son ya claramente barrocos.
Mención especial merece el coro, realizado en madera de nogal y cedro hacia el primer tercio del siglo XVIII. La Virgen de los Dolores, que preside un retablo, es atribuida tanto a Martínez Montañés como a La Roldana, en cualquier caso, dos excelentes imagineros. La gótica fachada principal queda prácticamente oculta por un balcón del siglo XVI, mientras que la torre, de planta cuadrada, es de estilo mudéjar. Junto al campanario está la Casita de la Torre, un sucinto oratorio de estilo mudéjar en cuya decoración se observan arcos de herradura cegados.
Donde ahora está el colegio salesiano del Sagrado Corazón, en la misma plaza de la iglesia de Santa María de la Encarnación, se levantaba el Castillo del Laurel, una fortaleza mandada construir en el siglo II a.C. por Escipión Emiliano. Los árabes la convirtieron en alcazaba, que fue ocupada por los cristianos y, finalmente, por las tropas francesas a principios del XIX, las mismas que dinamitaron la fortaleza cuando, ya en retirada, la abandonaron en 1812.
El antiguo Cuartel de Milicias, hoy Ayuntamiento, ocupa uno de los frontales de esta plaza. Se trata de un gran edificio cuyos dos pisos superiores están abiertos en arcadas. Fue construido entre los siglos XVII y XVIII, y en su interior destacan el artesonado mudéjar de la escalera y el salón de plenos. Otros dos edificios religiosos se alinean en esta plaza: la iglesia de la Caridad y el convento de Santa Isabel de los Ángeles, ambos construidos en el siglo XVI.
De la plaza Duquesa de Parcent se accede a la calle Escalona y de ésta a la de Armiñán, que conecta con la cuesta de las Imágenes, donde se halla la iglesia del Espíritu Santo, levantada en el lugar que ocupaba una torre defensiva almohade destruida durante el asedio de las tropas cristianas. Las obras del templo concluyeron en 1505 y el exterior de la fábrica se distingue por su sobriedad y por el carácter de casi fortaleza que le confieren los contrafuertes de sus altos muros. El interior consta de una sola nace en la que se combinan elementos góticos y renacentistas. El retablo de la capilla mayor, de estilo barroco, alberga la pintura titulada la Venida del Espíritu Santo y una Virgen de la Antigua, de influencia bizantina.
En la zona sur de esta iglesia está la Puerta de Almocábar, nombre que hace referencia a la antigua necrópolis que había en esa zona (al-maqàbir en árabe significa cementerio). Su construcción se sitúa entre finales del siglo XIII y principios del XIV. Su estructura, muy sólida, está flanqueada por dos torreones semicirculares entre los que se abren tres arcos de herradura. En su lateral izquierdo fue colocada en 1965 la Puerta de Carlos V, de factura renacentista y remata por el escudo de los Austrias.
Al otro lado de estas puertas se extiende la Alameda de San Francisco, y en ella se levanta el convento de las Madres Franciscanas, fundado en 1664 y reconstruido a mediados del siglo XX. Por la calle de San Francisco se llega al convento del mismo nombre, construido donde el Rey Católico instaló su campamento. El convento de San Francisco, finalizado en el siglo XVI, integra en su fábrica elementos góticos y mudéjares. A pesar de las necesarias restauraciones por los desperfectos sufridos durante la invasión napoleónica y la Guerra Civil, conserva una magnífica puerta isabelina.
En la calle de Armiñán el viajero tiene la oportunidad de visitar tres museos muy representativos de Ronda, el Museo del Bandolero, en el número 65, donde, de manera visual, se narra uno de los fenómenos más característicos y que más literatura ha generado sobre la Ronda del siglo XIX, el Museo de la Caza (número 59), que recoge una tradición secular de toda la serranía, y el Museo Temático Lara (número 29), ubicado en la casa palacio de los Condes de la Conquista, que ofrece al público una notable colección de antigüedades y diversas piezas artísticas. Muy próximo a la calle de Armiñán, en la calle González Campos 2, se encuentra el Museo del Vino de Ronda. En su interior el visitante encontrará doce salas temáticas que ofrecen un recorrido sobre la historia, filosofía, mitología y la producción del vino en la comarca rondeña. El centro ofrece escuela de cata, fines de semana enológicos, recepciones y degustaciones de vinos. La página web del museo es www.museodelvinoderonda.es y los teléfonos de contacto +34 952 879 735 y +34 607 661 900.
Aunque se aparte de este itinerario, cabe citar ahora el Museo Joaquín Peinado, ubicado en el rehabilitado Palacio de los Marqueses de Moctezuma (plaza del Gigante, s/n), donde se reúnen unas 200 obras, entre óleos, acuarelas, dibujos y obra gráfica, de este artista rondeño, uno de los más significativos representantes de la Escuela de París.
En la confluencia de las calles Armiñán y Marqués de Salvatierra, sale al paso el alminar de San Sebastián, integrado en una mezquita del siglo XIV que fue convertida en iglesia cristiana bajo la advocación de este santo, pero el templo ya no existe. El minarete es de planta cuadrada y en su cuerpo inferior conserva un precio arco de herradura bajo un dintel con dovelas. El resto de la construcción es de ladrillo, entre los que se puede observar restos de los azulejos empleados en su decoración... El cuerpo superior fue construido más tarde para utilizar la torre como campanario.
Al este del barrio de la Ciudad se levanta el Palacio del Marqués de Salvatierra, cuya actual arquitectura es fruto de las reformas efectuadas en el antiguo caserón durante los siglos XVII y XVIII. En la portada llaman poderosamente la atención las columnas corintias y el espléndido balcón de forja, mientras que en el interior son de admirar los jardines, la capilla, el mobiliario y el brocal del pozo que hay en el patio.
En la calle de Santo Domingo, junto al Palacio de Salvatierra y el convento que le da nombre a la calle, se encuentra la Casa del Rey Moro, cuyo nombre se debe a un azulejo en su portada que representa a un rey musulmán. Su fábrica es del siglo XVIII, pero el aspecto que ofrece hoy es el resultado de la reforma realizada por la Duquesa de Parcent a principios del XX. Sus magníficos jardines fueron diseñados por Jean Claude Forestier.
Una escalera de 60 metros excavada en la roca conecta estos jardines con el manantial de la Mina, que vierte sus aguas al río Guadalevín y del que los musulmanes supieron sacar un buen rendimiento, habida cuenta de la falta de agua que había en la ciudad debido a la altitud a la que se encuentra. Esta obra árabe resultó de capital importancia durante el asedio de Ronda por parte de las tropas cristianas.
Tras el derrumbe del Puente Nuevo, se opta por renovar la entrada del Puente Viejo, que volvería a convertirse en la principal vía de comunicación entre la Ciudad y el barrio del Mercadillo. Así, la antigua Puerta del Puente fue sustituida por otra de estilo neoclásico que recibiría el nombre de Arco de Felipe V. Junto a este arco se encuentra el popular Sillón del Rey Moro, desde el que se dominan una hermosas vistas.
Por el Puente Viejo, construido en 1616 y reformado últimamente en 1961, se accede a la calle Real, y desde ella se llega al núcleo antiguo del barrio del Mercadillo, surgido extramuros de la Ciudad para eludir los altos impuestos que tenían que pagar los comerciantes en la entonces ciudad propiamente dicha. Con el tiempo, esta zona sería la que marcara la pauta comercial de Ronda.
En la calle Real está la fuente de los Ocho Caños, levantada al mismo tiempo que la Puerta de Felipe V. Se trata de una sencilla y bien equilibrada construcción en piedra que luce el escudo de la ciudad en un frontón. Consta de dos frentes, uno con los ocho caños y otro que sirve de abrevadero. Junto a la fuente se levanta la torre de la iglesia del Padre Jesús, con una hermosa espadaña renacentista. El tempo fue construido en el siglo XVI, pero su decoración interior, a base de yeserías, corresponde al siglo XVIII. El convento de Madre de Dios, adosado a la iglesia antes mencionada, también fue levantado en el XVI y en su fábrica confluyen elementos gótico-renacentistas y mudéjares.
Si desde esta calle se toma la entrada de los Jardines de Cuenca el visitante se encontrará con una serie de balcones asomados al precipicio del Tajo que muestran esta angostura en todo su esplendor. Los Jardines de Cuenca son uno de los lugares más concurridos de la localidad, dado que desde los mismos se obtienen unas impresionantes fotografías del Puente Nuevo. Adecuados con bancadas y árboles son un lugar perfecto para el descanso.
Otra de las rutas posibles desde la calle Real es ascender por la calle Santa Cecilia, de esta manera nos encontramos con el templete de la Virgen de los Dolores, en la esquina de la calle del mismo nombre. Es una curiosa y artística obra de 1734 que alberga un retablo con una pintura de la imagen de la Virgen. En dos de sus columnas hay representadas cuatro figuras ahorcadas, relacionadas, sin duda, con las ejecuciones públicas que se realizaban siglos atrás.
En la plaza de los Descalzos, a la que se llega por la calle de los Dolores, se levanta la iglesia de Santa Cecilia, construida en el XVII, si bien su llamativa portada barroca corresponde al XVIII. Por la calle Carrera de Espinel llegamos a la iglesia del Socorro, de grandes dimensiones y realizada en estilo neobarroco tras la destrucción de la anterior fábrica dieciochesca.
La Real Maestranza de Caballería de Ronda, la primera de las que fundó Felipe II para el adiestramiento militar y ecuestre de los nobles -un adiestramiento que también incluía festejos taurinos-, tuvo su primera sede en la plaza Mayor, y dos siglos después procede a la construcción de la Plaza de Toros, según un proyecto de Martín de Aldehuela, que también diseñó el Puente Nuevo. En su portada, neoclásica, destacan dos poderosas columnas toscanas que soportan un frontón partido en el que aparece el escudo real. Todo ello enmarca un estilizado balcón de forja adornado con elementos taurinos.
El graderío tiene capacidad para 5.000 personas y cuenta con la particularidad de estar totalmente cubierto: 136 columnas toscanas soportan una doble arquería. Otra de las singularidades de esta plaza es que la barrera está realizada en piedra. El coso fue inaugurado en 1875 con una corrida en la que tomaron parte Pedro Romero y Pepe Hillo, dos auténticas leyendas del toreo.
En los bajos de la plaza se ubica el Museo Taurino, dedicado principalmente a las dos grandes dinastías de toreros rondeños: los Romero y los Ordóñez. La Plaza de Toros rondeña es el segundo monumento más visitado de la provincia de Málaga (más de 400.000 personas al año), tras la Cueva de Nerja.
Justo al lado de la Plaza de Toros se extienden los jardines de Blas Infante, donde tiempo atrás estuvo ubicado el primitivo teatro Espinel, sede del Congreso andaluz de 1918. Este espacio verde se prolonga por un paseo de cornisa que bordea la meseta a casi 200 metros de altura sobre el valle del Guadalevín con unas inmejorables vistas de buena parte de la comarca de Ronda. El paseo continúa por la Alameda del Tajo, donde se alza la iglesia de la Merced, que guarda el brazo de Santa Teresa, tan querido por el dictador Franco que lo incluyó en su particular relicario.
En este entorno se halla el hotel Reina Victoria, construido en 1906 por Lord Farrington, un auténtico pionero del turismo británico. En una de sus habitaciones se alojó el poeta austríaco Rainer Maria Rilke entre 1911 y 1912. Su habitación conserva el mobiliario original y algunas fotos y cartas del poeta que dedicó a Ronda algunos de sus escritos.
A unos dos kilómetros del casco urbano se encuentra el monasterio mozárabe de la Virgen de la Cabeza, un conjunto que incluye viviendas para monjes, celdas para una pequeña comunidad y una iglesia excavada en la roca, obra realizada en los siglos IX y X por los cristianos en tiempos de la dominación árabe. El sencillo templo consta de tres naves, una principal con un altar al fondo, una segunda también con un altar, a cuyo pie hay una abertura que da paso a la cripta, y una tercera que haría las veces de sacristía.
Por su interés histórico y artístico se han dejado para el final del itinerario los Baños Árabes y las ruinas de Acinipo, si bien este último yacimiento no se encuentra en la ciudad sino en sus alrededores.
Los Baños Árabes, situados en la zona de la antigua judería, fueron construidos a finales del siglo XIII o principios del XIV. A pesar de su extraordinario interés arquitectónico, fueron abandonados –la moral cristiana no permitía ciertas prácticas-, y las crecidas del río Guadalevín acabaron sepultándolos. Al encargar la Duquesa de Parcent la construcción de unos jardines en esta zona, aparecieron los primeros restos de los baños, pero tampoco se tuvieron en cuenta, hasta que en 1935 el yacimiento fue adquirido por el Estado.
Las excavaciones realizadas hasta ahora han permitido rescatar las tres salas de baño (fría, templada y caliente) y las cubiertas con bóvedas de cañón, que se comunican por arcos de medio punto. Las bóvedas de los baños están horadadas por tragaluces en forma de estrella, que tamizan la luz y crean en el interior una penumbra muy a propósito para el descanso. Se conservan parte de las calderas y de los sistemas de conducción de agua, y los expertos coinciden en señalar que se trata de uno de los baños de esa época mejor conservados de toda España.
Tradicionalmente y por error, el yacimiento romano de Acinipo fue llamado Ronda la Vieja al existir la creencia de que éste fue el primer emplazamiento de la ciudad, teoría que luego se ha demostrado falsa. Está situado a 21 kilómetros de Ronda, en una meseta con una altitud media de 980 metros sobre el nivel del mar, desde donde se contemplan unas amplísimas panorámicas de la comarca. Según Plinio y Ptolomeo, Acinipo pertenecía a la Beturia Céltica, pero en tiempos romanos se convirtió en una de las principales ciudades de la Bética.
De la antigua ciudad romana sólo se conserva el teatro, construido en el siglo I a.C sobre un desnivel del terreno, al modo griego, y de ahí que la cávea esté esculpida en la roca. En aceptable estado de conservación se encuentran buena parte de las gradas, la orquesta y el frente de la escena, realizada en sillería de granito sin argamasa. También se han encontrado restos de unas termas, de dos viviendas y del templo oficial, la basílica y los pórticos.