Aunque la tradición marinera de esta localidad ni mucho menos se ha
perdido, las antiguas casas de pescadores, que se alineaban siguiendo un caprichoso
orden entre la playa y la carretera general, han quedado atrapadas –las
que aún quedan en pie- entre modernas edificaciones. No obstante, el
pueblo mantiene el inconfundible sello de localidad axárquica costera
a fuer de haber preservado un raro equilibrio entre las construcciones eclécticas
de los últimos años y la tradicional arquitectura popular.
Desde su amplio paseo marítimo, donde se concentra buena parte de los
establecimientos hosteleros, se domina toda la bahía de Málaga,
mientras que en las nuevas urbanizaciones, que necesariamente se extienden hacia
el interior del municipio, han surgido nuevos equipamientos de ocio, como el
campo de golf de Añoreta, de 18 hoyos.
La fortaleza de Bezmiliana, conocida también como casa fuerte o castillo
del mismo nombre, es el monumento más representativo de Rincón
de la Victoria. Construida en 1766 según el proyecto de José de
la Crane para defender esta parte de la costa malagueña a raíz
de que Gibraltar cayera en manos de los ingleses, tiene planta cuadrangular
con torres cilíndricas en dos de sus ángulos. Sus severas líneas
arquitectónicas indican claramente la función para la que fue
diseñada, muy distinta de la actual, ya que después de la restauración
a que fue sometida en 1992, la fortaleza alberga una prestigiosa sala de exposiciones
y otros espacios dedicados a actividades culturales.
La iglesia de Nuestra Señora del Carmen, la Virgen marinera por excelencia,
fue construida en 1892. Se trata de un templo de estructura muy sencilla, directamente
entroncada con la arquitectura popular. Consta de tres naves y un torreón
de campanas junto a la nave del evangelio. La iglesia de Nuestra Señora
de la Candelaria, en Benagalbón, fue levantada en el siglo XVI, pero
de la estructura primigenia sólo quedan las paredes. En su interior destacan
los murales del pintor veleño –de proyección internacional-
Francisco Hernández: la Ascensión, en la parte central, y la Natividad
y la Presentación de Jesús en el Templo a los lados.
Las torres almenaras de El Cantal y de Benagalbón, en bastante buen
estado de conservación, pertenecen al sistema defensivo con el que a
finales de la Edad Media y principios de la Moderna se dotó a toda la
costa malagueña para prevenir las numerosas invasiones por mar que durante
varios siglos mantuvieron en jaque a los habitantes de esta zona.
La Cueva del Tesoro, conocida también como la del Higuerón o
la del Suizo –estas dos últimas denominaciones actualmente están
en desuso- está situada en la cuesta de El Cantal, entre Rincón
de la Victoria y La Cala. Esta cavidad está documentada desde el siglo
XVII y en ella se han encontrado pinturas rupestres (cabezas de cabras), restos
cerámicos (cuencos, ollas, vasos esféricos y ovoides), líticos
y óseos cuya cronología abarca desde el Paleolítico hasta
la Edad del Bronce.
Su recorrido interior es de unos 500 metros, con una superficie de casi 3.000
metros cuadrados. Tiene cuatro estancias o salas denominadas de Noctiluca (diosa
fenicia de la fecundidad), de la Virgen, de Marco Craso (se dice que este personaje
romano, que integró el primer triunvirato junto con Pompeyo y César,
se ocultó en esta cueva cuando huía tras haber sido asesinado
su padre) y de los Lagos.
La Cueva de la Victoria, menos conocida que la del Tesoro, fue descubierta
en 1939 y, según los estudios realizados, tenía un notable yacimiento
arqueológico de finales del Paleolítico hasta la Edad del Bronce,
pero quedó destruido cuando unos labradores entraron en el recinto en
busca de murcielaguina para abonar las tierras. La visita de algunos ‘aficionados’
a la arqueología y de curiosos en general tampoco ha beneficiado la conservación
del yacimiento.