La zona alta del pueblo, la más antigua, conserva todavía un
trazado de reminiscencias árabes, y es aquí donde el visitante
puede encontrar, en la Antigua Posada, ubicada en la calle Real, el más
característico ejemplo de la arquitectura típica del municipio.
Se trata de un caserón del siglo XVI, bien restaurado, considerado como
una de las primeras casas que conformaron el núcleo original del pueblo.
El Palacio de los Condes de Corbos, del siglo XVI, presenta una típica
estructura solariega y se encuentra en buen estado de conservación. En
su interior alberga todos los elementos ornamentales y decorativos que pertenecieron
al sexto Conde de Corbos, Isidro Mesías de Vargas.
Las obras de la iglesia de San Lorenzo finalizaron en 1599. El templo consta
de tres naves y su interior está repleto de imágenes por las que
los vallesteros muestra una gran devoción (la Virgen de los Dolores,
San José, la Virgen del Carmen, Santa Rita, un Nazareno...), mientras
que en su exterior, de líneas muy sencillas, destaca un zócalo
de piedra, que ennoblece el edificio, y su torre campanario de tres cuerpos
y cerrada con un tejado de cuatro caras.
Otro edificio destacado del pueblo y del que sus vecinos se muestran muy orgullosos
es el convento de Madre Petra, cuya parte más moderna ha sido convertida
en residencia de ancianos. La zona antigua y más noble ha sido destinada
a conservar los aposentos y enseres de la fundadora.
Aunque de construcción reciente –la obra finalizó en 1954-,
la ermita del Cristo de la Sierra, situada en la parte más alta del Valle
de Abdalajís, goza de gran popularidad entre los vecinos de este pueblo,
muy devotos del Cristo de la Sierra. Su sencilla estructura, rematada con una
espadaña al uso tradicional, contrasta con el espectacular paisaje que
se domina desde el contiguo mirador del Gangarro.
La Peana no es un monumento sino una pieza arqueológica con un rango
especial, al menos para los valletanos. Se trata del pedestal de una estatua
con una inscripción dedicada a Trajano que se hallaba en la antigua ciudad
de Nescania. Esta destacada pieza arqueológica, fechada en el año
104, fue transportada a Antequera en 1585 por el corregidor Juan Porcel de Peralto,
para ser incluida en la colección arqueológica que figuraba en
el Arco de los Gigantes de esa ciudad. Felizmente rescatada para el Valle de
Abdalajís, hoy se ubica en un lugar preferente de la plaza de San Lorenzo.