Superficie: 810 Km2
Número de habitantes: 45.037
Gentilicio: antequeranos
Visitas Destacadas: fuente renacentista, Colegiata de San Sebastián,
convento de la Encarnación, Museo Municipal (Palacio de Nájera),
convento de San José, Museo Conventual de las Descalzas, Palacio de los
Marqueses de la Peña de los Enamorados, convento de la Victoria, convento
de Santa Eufemia, iglesia de Santiago, convento de Belén, Puerta de Granada,
dólmenes de Menga y Viera, convento de San Zoilo, iglesia del Carmen,
Real Colegiata de Santa María la Mayor, Arco de los Gigantes, Alcazaba,
Torre del Homenaje, Puerta de
Málaga, capilla-tribuna de la Virgen del
Socorro, iglesia de Santa María de Jesús, iglesia de San Juan
Bautista, Palacio de los Marqueses de las Escolanías, iglesia de Santo
Domingo, Plaza de Toros, Museo Taurino Municipal, convento de San Agustín,
Palacio Municipal, convento de Nuestra Señora de los Remedios, Paraje
Natural de El Torcal (
Antequera es uno de los pueblos más monumentales
de Andalucía; el 75 por ciento del patrimonio histórico-artístico
de la provincia de
Málaga se ubica en este municipio)
Situación Geográfica: en el centro de la comarca que lleva su
nombre, al norte de la provincia de
Málaga, de cuya capital dista 45
kilómetros. Su altitud con respecto al nivel del mar es de 577 metros,
la precipitación media anual apenas rebasa los 550 l/m2 y la temperatura
media alcanza los 15,3º C
Información Turística: Oficina de Turismo, Calle Encarnación nº 7 (29200).
Tlf: (+34) 952 70 25 05
Fax: (+34) 952 70 25 05 E-mail:
oficina.turismo@antequera.es
Nada más empezar a descender hacia la llanura Antequerana por la carretera
N-331 (A-45), lo primero que abarca la vista es una extensa vega que, según
la época en que se haga la visita, aparecerá como un inmenso tapiz
con distintos tonos de verde u ocre. A la derecha, la caprichosa Peña
de los Enamorados, con su legendaria historia de un trágico amor imposible;
al frente, unas suaves colinas que apenas delimitan la extensión de la
vega, y a la izquierda, bajo la cresta del macizo del Torcal, el manchón
blanco del caserío del pueblo en el que despuntan las torres cristianas
y las murallas árabes.
De no ser por la magnitud del espacio, cabría pensar que lo que se observa
es un formidable trampantojo creado por un ingenioso artista. Con todo, esta
deslumbrante primera panorámica en nada apunta al tesoro monumental que
encierra Antequera, cuya milenaria mediterraneidad, grabada por todas las civilizaciones
occidentales, resuena en cualquiera de sus rincones.
Los primeros pobladores de esta zona ya dejaron en ella un testimonio arqueológico
de suma importancia: los dólmenes de Viera, Menga y Romeral, ciclópeas
construcciones funerarias erigidas en la Edad del Bronce.
Aunque no hay datos concretos al respecto, se cree que a partir de esa época
estas tierras nunca estuvieron despobladas, entre otras razones porque su situación
geográfica –en el centro del territorio andaluz- es el natural
cruce de caminos entre la Alta y la Baja Andalucía, lo que posibilitó
el paso y el asentamiento de iberos, tartesos , fenicios y cartagineses. Precisamente
de estos últimos han sido hallados vestigios en Cerro León, donde
parece ser que se libró la batalla entre los cartagineses de Asdrúbal
y las legiones romanas.
Y es a los romanos a los que la ciudad debe su nombre actual, que deriva del
antiguo Antikaria, denominación que, más tarde, conservarían
los árabes, quienes bajo el mando de Abdelaziz Ben Muza la conquistarían
en el siglo VIII. De la época romana quedan numerosos restos, tanto en
la propia Antequera como en las cercanas ciudades de Arastepi y Singilia Barba,
consideradas entre las más importantes de la Málaga romana.
Termas, villas, esculturas, cerámicas, mosaicos, fustes y capiteles del
período romano han ido apareciendo en toda la zona Antequerana en los
últimos años como prueba evidente de su antiguo esplendor.
Los árabes ensancharon y reforzaron la ciudad –construyeron la
Alcazaba y rodearon la Medina con una muralla-, que se convirtió en un
punto estratégico tras la toma de Sevilla y Jaén por las tropas
cristianas, las cuales, bajo el mando del Infante Don Fernando, acabaron por
entrar en Antequera en 1410.
Tras concedérsele algunos privilegios reales, Antequera empieza a experimentar
un auge que llegaría a su cenit en la segunda mitad del siglo XVI y que
en cierto modo se mantendría hasta el XVIII. En ese alargado intervalo
la villa se enriqueció con un extraordinario patrimonio artístico
–iglesias y conventos sobre todo, pero también con muy destacadas
construcciones civiles-, un patrimonio que ha perfilado la actual fisonomía
de su casco antiguo.
Una epidemia de fiebre amarilla y la invasión napoleónica diezmaron
la ciudad a principios del siglo XIX, cuando ya empezada a apuntar signos de
agotamiento, pero pasado este bache, aparece una pujante burguesía al
amparo de una sólida industria textil que dinamiza la vida social y económica.
Este potente sector industrial acaba sucumbiendo en el siglo XX y no será
hasta el último tercio de esa centuria cuando la ciudad, ya enlazada
con una buena red de comunicaciones con el resto de Andalucía, vuelva
a entrar en un período de franca expansión económica, aún
en pleno desarrollo.
Cómo Llegar
Desde
Málaga a
Antequera la conexión más rápida
es la carretera N-331 (A-45). Al llegar a la vega
Antequerana hay que tomar
la A-354, y tras un trayecto de 2 kilómetros se entra en el casco urbano
de
Antequera.