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Turismo Temático: Escapadas
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El extraordinario desarrollo que ha experimentado Málaga en el campo de las infraestructuras, que la han dotado de una moderna y eficaz red de comunicaciones, así como las propias peculiaridades geográficas de esta provincia, la erigen en escenario ideal para escapadas de fin de semana y en destino perfecto en el que invertir, al menos, unos días de asueto. El estratégico emplazamiento de su aeropuerto, de sus estaciones de ferrocarril y de sus puertos marítimos, las excelentes conexiones viarias o el completo sistema público de transportes, que engarza cómodamente los puntos más distantes de esta zona, han logrado borrar las distancias entre la capital, su área metropolitana y la Costa del Sol Occidental, franja que concentra todos los alicientes para poder entregarse a unas vacaciones en las que las limitaciones del tiempo no suponen nunca un menoscabo al disfrute y a la diversión.
A diferencia de otros grandes aeropuertos europeos, el de Málaga dista apenas seis kilómetros del centro histórico de la capital costasoleña, que además alberga uno de los principales puertos del Mediterráneo en cuanto a tráfico de cruceros y una flamante estación de tren que se torna en nudo clave para la red española de alta velocidad ferroviaria. Su inigualable ubicación, unida a su renovada planta hotelera, convierten a esta ciudad en el lugar idóneo desde el que poder explorar los reclamos de los bellos municipios vecinos, en los que al calor del ‘sol y playa’ se ha consolidado una oferta cultural, artística, deportiva y de ocio difícilmente equiparable al de otros destinos. Se le abre así al visitante todo un abanico de atractivos y oportunidades al alcance de la mano, sin necesidad de realizar grandes desplazamientos ni emplear demasiado tiempo, dado que la Costa del Sol, en definitiva, convierte la posibilidad de realizar estancias cortas, aprovechando al máximo la permanencia en destino por breve que sea, en una inigualable ocasión para huir de la rutina, para experimentar nuevas sensaciones.
Pernoctar en Málaga es pernoctar en una ciudad colmada de historia, en la que desde la época fenicia han dejado su impronta ancestrales civilizaciones como la romana o la musulmana, a las que esta urbe debe uno de sus principales conjuntos arqueológicos formado por la Alcazaba, el castillo de Gibralfaro y el Teatro Romano, a escasos metros del cual se sitúa la majestuosa Catedral (anexa a la iglesia del Sagrario), que encierra un museo catedralicio que bien merece una visita. Un idílico paseo por el decimonónico Parque de la capital llevará al viajero a toparse con el espléndido edificio que alberga el Ayuntamiento, y con otras singulares construcciones como las del Banco de España, el Rectorado de la Universidad, la Casita del Jardinero o los palacios de la Aduana, Villalcázar o Zea-Salvatierra, que no son más que algunas de las joyas arquitectónicas que engalanan un variopinto entorno monumental que corona la fortaleza árabe construida en el siglo XIV sobre los restos de un faro fenicio. La proximidad entre estos espacios facilita que todos ellos puedan ser apreciados en apenas una mañana, circunstancia que, además, brinda al visitante la posibilidad de retomar fuerzas en las ‘tascas’, bares o restaurantes del casco viejo; oferta culinaria para todos los gustos.
Por su tradición marinera, el ‘pescaíto’ es aquí un manjar, y el vino de la tierra, su mejor aliado. Tabernas con sabor añejo como ‘La Casa del Guardia’, ‘La Campana’ o ‘Quitapenas’ o freidurías como ‘La casa del Piyayo’ conservan el encanto de tiempos remotos y destacan como centros de culto para los amantes del ‘tapeo’, una práctica a la que también se han adscrito los restaurantes de la gastronomía creativa, capaces de fundir la cocina de autor con la tradicional para deleite de sus más selectos comensales.
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