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Turismo Temático: Invierno
No obstante, uno de los segmentos que con mayor empuje han contribuido a romper la estacionalidad -hoy día imperceptible en la Costa del Sol- ha sido el turismo residencial, que ya representa casi la mitad de la cuota de mercado de la industria vacacional. No en vano, un elevado porcentaje de foráneos han decidido establecer en esta zona sus domicilios durante los meses de invierno, mientras que otros aprovechan las ingentes posibilidades que les brinda el tener una vivienda en propiedad en este enclave para huir de los desmanes e inclemencias meteorológicas que padecen en sus lugares de origen y que, en Málaga, no son sino anecdóticos. Y no es de extrañar; máxime si se tiene en cuenta que la temporada invernal en la Costa del Sol es tanto o más cálida que el verano en infinidad de regiones del Viejo Continente.

Precisamente estas singulares características climáticas contribuyen de manera determinante a que la práctica del golf, en la temporada invernal, se haya convertido en uno de los más destacados atractivos de la Costa del Sol en esos meses en que más de media Europa tirita de frío. Los numerosos campos de golf con que cuenta la provincia de Málaga, especialmente en la zona occidental (aunque ya en cualquier punto de la geografía malagueña hay magníficas instalaciones de este tipo), no sólo mantienen su actividad durante todo el año, sino que en algunos casos es en invierno cuando esta actividad se intensifica, dado que en otros lugares resulta imposible la práctica de este deporte. Así, la Costa del Sol es también conocida como ‘la Costa del Golf’, un sobrenombre plenamente justificado por el número y la calidad de sus campos, y por la posibilidad de disfrutar de esta actividad deportiva bajo el sol cuando no muy lejos de este territorio el invierno arrecia con todos sus rigores.

El paulatino crecimiento de la oferta de ocio, cultural y deportiva, un siempre atractivo y apretado calendario de eventos de toda naturaleza, que cobra especial vigor en los meses de invierno, y un sinfín de celebraciones locales de diversa índole, entre las que destacan las fiestas populares que se suceden en los más de cien municipios que integran esta provincia, también se han tornado en elementos esenciales para la atracción de visitantes en todos los momentos del año.

Convertirse en testigo de excepción de un festival de música y danza tradicional, autóctona o internacional; ser partícipe de una arraigada jornada gastronómica, de una feria con típico sabor andaluz, de una romería de orígenes ancestrales o de cualquier otra manifestación artístico-cultural; acudir a una relevante cita congresual; practicar cualquier disciplina deportiva, sin tener que temer las adversidades del tiempo; disfrutar de los exclusivos servicios que ofrecen los ‘spa’ y centros de talasoterapia emplazados en la Costa del Sol o escapar del estrés de la vida convencional cobijándose en un saludable balneario son sólo unas cuantas propuestas de un abanico tan diverso como inabarcable que siempre deberá tener presente el viajero que opte por desembarcar en esta tierra, cuyo dinamismo no mengua ni un ápice tras el verano.

Precisamente ese dinamismo, que le aleja del letargo invernal, unido a una multiplicidad de recursos, atractivos y reclamos capaces de seducir a cualquier tipo de viajero, es lo que ha permitido que desde los orígenes mismos del desarrollo turístico, la Costa del Sol se haya distinguido del resto de los destinos de ‘sol y playa’.

Desde los primigenios visitantes que llegaban a esta provincia para beneficiarse de las benignidades de su clima, de la bondad de su mar y de su extraordinario emplazamiento geográfico, hasta los turistas actuales, muchos de los cuales optan ya por reservar en sus agendas unas vacaciones alejadas del tumultuoso verano para decantarse por fechas en las que la búsqueda de la tranquilidad -nunca el tedio- se convierte en la principal motivación para hacer las maletas, el turismo de invierno ha sido el otro gran aliado de la Costa del Sol, una zona que durante más de medio siglo ha sabido demostrar que es capaz de ofrecer mucho más que 161 kilómetros de litoral que, por cierto, nunca deja de recibir bañistas, ávidos de disfrutar de sus cálidas aguas mediterráneas en cualquier momento del año.

Con una inigualable oferta de restauración y hostelería que mantiene sus altos niveles de prestación durante los doce meses, con una inmejorable relación de campos de golf, tiendas y centros comerciales, puertos e instalaciones deportivas, palacios de congresos y recintos congresuales abiertos durante las cuatro estaciones, así como con una oferta de hospedaje que, desde el extremo oriental al occidental de la costa, y desde la Serranía de Ronda hasta la Vega de Antequera, da alojamiento a lo largo de todo el año a millones de viajeros, muchos de los cuales recalan en esta tierra en los meses inve