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Turismo Temático: Flamenco
Guitarra española
La guitarra se erige como instrumento solista a partir de la aparición, en las décadas de los 60 y 70 del siglo XX, de intérpretes de excepcionales cualidades musicales y virtuosísticas, como Paco de Lucía o Manolo Sanlúcar, por citar sólo dos ejemplos. Pero estos intérpretes no olvidan la función de la guitarra como acompañamiento al cante y al baile, y así, es habitual que también intervengan junto a otros artistas. De este modo, el flamenco ha salido reforzado y ha alcanzado altísimas cotas artísticas.

Como todo verdadero arte, el flamenco bajo sus tres formas, cante, baile y guitarra, es inexplicable. Es cierto que adentrándose en él de una manera didáctica se le abren muchas posibilidades al interesado, como conocer los palos (distintos estilos), la procedencia de los cantes, la calidad de las voces o las innumerables formas del baile y la expresividad de una guitarra. Pero también, como ocurre con cualquier otro arte, no se necesita una preparación especial para apreciarlo y sobre todo para sentirlo y emocionarse con él; es más, el flamenco es tan directo y tiene tanta garra que difícilmente se puede escapar a su embrujo.

Todos los territorios andaluces han contribuido en mayor o menor medida a la divulgación y consolidación del flamenco, pero hay algunos que históricamente se han significado más que otros, ya sea por contar con una más firme afición o porque en ellos han nacido destacadas figuras que han generado un natural seguimiento de su arte.

El poeta Manuel Machado, en uno de sus poemas en que da una pincelada de cada una de las provincias andaluzas, dejó estampada la frase “Málaga cantaora”. Y es cierto que el cante en Málaga ha sido una constante, desde el famoso Café de Chinitas, situado en el pasaje de este mismo nombre que hay junto a la Plaza de la Constitución, pero ya sin el café cantante, pasando por las gentes del campo, de la mar y de la propia ciudad de Málaga. Todo ello ha tejido un entramado que ha logrado sustentar distintos cantes surgidos en Málaga, que derivan del tronco común del fandango malagueño: verdiales, malagueñas, rondeñas, jaberas y la bandolá. Esto no quiere decir que en Málaga sólo se cultiven estos cantes, más bien al contrario, pues al ser una provincia donde hay una fuerte afición al flamenco en todas sus vertientes, es posible disfrutar de una velada flamenca en numerosos tablaos de la Costa del Sol, donde el flamenco ha tenido siempre una fuerte presencia.

Mención aparte merecen los festivales y concursos que en toda la provincia de Málaga se celebran, preferentemente, entre los meses de junio a septiembre, algunos coincidiendo con las fiestas veraniegas de la localidad que los acoge. En junio tiene lugar, en Antequera, el concurso de cante flamenco Juan Casillas, y la Torre del Cante, en Alhaurín de la Torre. Aunque, evidentemente, no es lo mismo un concurso que un festival, ambos sirven para tomarle el pulso al flamenco en su más pura esencia, y, sin duda, constituyen una oportunidad para presenciar la actuación de los mejores artistas, bien sean jóvenes promesas o profesionales absolutamente consolidados.


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