La elección de un crucero como destino vacacional en sí mismo ha experimentado en los últimos años un crecimiento espectacular, inimaginable hace sólo unos lustros, y, según los estudios realizados por expertos en determinar el comportamiento de los grandes flujos turísticos, la ‘era’ del crucero sólo acaba de despegar, por lo que cabe esperar un crecimiento aún mayor y más acelerado, teniendo siempre en cuenta que esta modalidad vacacional tiene un desarrollo más pausado que las formas del turismo al uso.
La Costa del Sol nunca ha estado al margen del turismo de cruceros, y de hecho el puerto malagueño siempre se ha distinguido por un tráfico más que notable de este tipo de embarcaciones, pero aun así, nada comparable a la expansión registrada a partir de la pasada década de los 90 hasta ahora. Por un lado, el incremento del número de grandes cruceros como respuesta de las navieras a la incesante demanda, y, por otro, la consolidación de la Costa del Sol como destino turístico de primer orden y la situación geográfica de Málaga, a las puertas del Mediterráneo, han acelerado la puesta a punto del puerto malagueño para recibir en las mejores condiciones esas majestuosas naves.

El recinto portuario de Málaga, que hasta hace relativamente poco tiempo presentaba su tradicional y casi romántica configuración decimonónica, no solamente no se ha quedado atrás en cuanto a los retos que necesariamente había que encarar frente a los nuevos tiempos, sino que se ha mostrado como uno de los más avanzados de España en la remodelación de sus antiguas instalaciones y la construcción de otras nuevas, y así, desde la construcción del Muelle de Levante, con 2.500 metros lineales para el atraque exclusivo de cruceros, se ha colocado en el segundo puesto peninsular en cuanto a tráfico de grandes barcos de recreo.
La puesta a punto del recinto portuario malagueño ha impulsado un paulatino cambio de tendencia en el crucerista que arriba a esta ciudad. Años atrás, era habitual constatar cómo el pasajero desembarcaba del trasatlántico y embarcaba de nuevo en cómodos autocares que lo transportaba, generalmente, a algunas de las ciudades monumentales andaluzas. Es cierto que algunos optaban por visitar algunas localidades de la Costa del Sol, pero en la capital malagueña quedaba sólo un reducido grupo. Los términos se han invertido y ahora son pocos los que salen de la provincia de Málaga y muchos más los que se encaminan a la Costa del Sol o a algunas de las ciudades históricas del interior de la provincia malagueña, sin renunciar a visitar la propia capital. Esto denota el tirón que la Costa del Sol ejerce en el ámbito internacional y que Málaga capital ha experimentado una fuerte mejora en cuanto a su oferta turística. La rehabilitación de buena parte de sus monumentos y la inauguración del Museo Picasso, amén de la puesta al día del sector comercial y hostelero, han contribuido notablemente a ese cambio de tendencia.