Situada en el término municipal de Benaoján, en plena serranía rondeña y por lo tanto en un paraje de gran belleza, se encuentra la Cueva de la Pileta, descubierta en 1905 y declarada Monumento Nacional de Arte Rupestre en 1924.

El hallazgo de esta cavidad se produjo, como suele ocurrir casi siempre, de manera fortuita. El colono José Bullón buscaba muercielaguina (guano de los murciélagos que tiempo atrás se empleaba en algunos lugares para mejorar las tierras de cultivo) en una sima y, llevado por la curiosidad, se adentró cuanto pudo hasta encontrar vasijas de cerámica, extraños signos en las paredes y restos humanos. La cueva era conocida entonces como la de Los Murciélagos, aunque nadie se había aventurado a entrar en ella hasta que lo hizo José Bullón, quien la denominó cueva de Los Letreros, nombre que definitivamente se cambió por el de La Pileta, en referencia a una pileta romana que había junto a la entrada de la gruta y que recogía el agua procedente de filtraciones del monte.
Este descubrimiento llegó a oídos del ornitólogo británico W. Verner, quien después de varios intentos fallidos logró entrar en La Pileta, una vez pertrechado con el material necesario, en 1910. A partir de ahí y gracias a los artículos publicados en prensa por Verter, fueron varios los investigadores que se interesaron por el hallazgo, y una vez reconocida su extraordinaria importancia, la Cueva de la Pileta fue declarada Monumento Nacional el 25 de abril de 1924.

La cueva tiene un recorrido de dos kilómetros en los que se distribuyen diversas galerías a distintos niveles, algunas de ellas de gran amplitud y cuya altura alcanza los 15 metros. Los especialistas coinciden en que La Pileta alberga las pinturas del Paleolítico Superior más importantes del sur de la Península Ibérica, de unos 20.000 años de antigüedad. La mayoría de ellas representan animales, especialmente caprinos, pero también hay cérvidos, búfalos, caballos, bisontes y peces. Entre las pinturas más llamativas destacan ‘la yegua preñada’ o ‘el gran pez’, figura esta última de 1,5 metros de largo. Además de las pinturas hay una gran cantidad de signos que los investigadores intentan descifrar, ya que sin duda son expresiones todavía desconocidas que utilizaba el hombre prehistórico.
En opinión del profesor Sanchidrán, de la Universidad de Córdoba, la interpretación de estos signos será posible cuando, como ocurrió con los jeroglíficos, se encuentre la ‘piedra rosetta’ que abra la posibilidad de descifrar los mensajes. Entre pinturas y signos hay más de mil motivos plasmados en las paredes de La Pileta, a lo que hay que añadir las cerámicas encontradas y los restos humanos, que denotan que la gruta era también un lugar de enterramiento.